Dichosos los que reciben el Ruaj, más ay de los hipócritas que desparraman (Lucas 11- 12:1-12)

Dichosos los que reciben el Ruaj, más ay de los hipócritas que desparraman (Lucas 11- 12:1-12)

Por: Thalía Castillo

V1-4 Uno de los pilares fundamentales en la vida del Mesías era la oración, él siempre separaba tiempo para mantener la comunión con el Padre; hemos visto en varios relatos que por lo general se apartaba a orar solo, por ejemplo: luego de la alimentación de los cinco mil, les dijo a sus discípulos que se adelantaran en la barca y él se quedó al otro lado. Mateo 14:23 Y luego de despedir a las multitudes subió al monte a orar en privado, y al anochecer estaba allí solo.

Esta vez los discípulos le piden que les enseñe a orar como lo había hecho Yohanán con sus alumnos, quizás hasta ese momento no habían escuchado al Mesías orar. Él les responde enseñándoles la llamada oración modelo.

Padre, santificado sea tu Nombre. Venga tu reino.

En otras versiones dice Padre nuestro que habitas en los cielos, en lo más alto y sublime, en luz inaccesible (Avinu Shebashamayim). Cuando llamamos al Eterno, Padre, nos reconocemos como sus hijos, miembros de su familia, estableciendo así una relación estrecha, que implica varios aspectos:

1-Haber hecho teshuvá, regresar a Él por medio de Yeshúa, pues solo a través del Mesías somos constituidos hijos de Elohim, recibimos el espíritu de adopción.

1Juan 3:1-2¡Mirad qué clase de amor! El Padre nos ha concedido que seamos llamados hijos de Elohim, y lo somos; por esto no nos conoce el mundo, porque tampoco lo conoció a Él. 2 Amados, ahora somos hijos de Elohim, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque lo veremos tal como Él es. 3 Y todo el que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, como Él es puro.

2- Ser hijos implica que el Eterno nos ayuda, sostiene, guarda, nos provee lo que necesitamos, pero también que como Padre nos instruye, Él nos ha dado mandamientos por medio de la Tórah y de las enseñanzas del Mesías, nos corrige y nos disciplina. Todos estos aspectos forman parte de su consideración hacia nosotros. En respuesta a ello, si le llamamos Padre debemos amarle, obedecerle, temerle, servirle, consagrarnos a Él, dar testimonio de su obra en nuestra vida, para que otros también sean bendecidos y decidan aprovechar esta oportunidad que nos ha brindado de pasar de muerte y a vida.

Apartado sea tú nombre: con estas palabras reconocemos que el Eterno es muy consagrado, en Él no hay nada impuro, es perfecto.  Por otra parte, vemos que el Mesías no declara cuál es el nombre del Todopoderoso y esto es porque más que conocer cómo se llama lo importante es que tengamos clara nuestra identidad como hijos, por ello no es necesario que participemosen los debates que hoy día suceden acerca del nombre divino, simplemente es nuestro Padre y lo esencial es que eso sea reflejado en nuestra vida. Efesios 5:1-2Sed pues imitadores de Elohim, como hijos amados, 2 y andad en amor, como el Mesías también nos amó, y se entregó por nosotros en ofrenda y sacrificio a Elohim para olor fragante.

Venga tu reino, hay dos formas en que se interpreta, como si se esperara algo a futuro para que se establezca indefinidamente, y la otra es que el reino ya está aquí, Yeshúa lo acercó. El ser humano en su transgresión desechó al Eterno como rey, por ejemplo: el pueblo de Israel en épocas de Samuel, todo ello provocó que el Todopoderoso se alejara y que no se pudiera concretar ese deseo que siempre tuvo de habitar en medio de su creación, por esta razón cuando le decimos que venga su reino, estamos reconociendo que Él es el rey y que reina sobre nuestras vidas, no esperemos un reino milenial futuro porque se entiende que el Padre ya reina y esto se hace efectivo en nuestra vida cuando nos sometemos a su voluntad, así como los malajim se sujetan al Eterno y lo obedecen, de igual modo debemos vivir obedeciendo su instrucción y sometiéndonos a su autoridad, de ese modo vivimos en su reino.

El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.  Si el Eterno es nuestro Padre y nosotros vivimos en su voluntad entonces podemos pedirle que nos provea el sustento necesario para cada día, no hay duda de que Elohim se encarga de suplir las necesidades de sus hijos, claro, no para caer en el materialismo, ni para gastar en los deleites de la carne. Yeshúa dijo que los creyentes debemos enfocarnos en buscar su reino y su justicia porque lo demás vendrá por añadidura, no hay que dar lugar a afanes, sino confiar en el Eterno y también estar contentos con el sustento que nos brinda

Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todo el que nos debe; y no nos metas en tentación.

El pecado nos aparta del Eterno, por tanto, para acercarnos nuevamente debemos reconocer, pedir perdón y corregir. Es importante analizar a qué tipo de pecados podría estarse refiriendo Yeshúa, porque él le estaba enseñando a orar a sus discípulos que no eran personas que desconocían la Tórah, y que seguramente no vivían una vida pecaminosa. En la Tórah vemos varios tipos de pecado, está pecha (es rebeldía), avón (es por iniquidad o ignorancia), ashan (culpa), kjattá o kjet (por yerro o descuido).

Romanos 8:12-14 Así que entonces, hermanos, somos deudores, no a la carne, para vivir conforme a la carne. 13 Porque si vivís conforme a la carne, estáis a punto de morir; pero si por el espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis. 14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Elohim, éstos son hijos de Elohim.

El Mesías conoce nuestra condición y sabe que como discípulos podemos llegar a fallar no por rebeldía u orgullo, sino por descuido, ignorancia etc, y si confesamos nuestras faltas por medio de él, entonces el Eterno nos otorga su perdón, pero también es nuestra responsabilidad como hijos no seguir en ese estado, sino corregir para no continuar cayendo en la transgresión, así no terminaremos en un estado de rebeldía donde ya no podamos obtener perdón.

1Juan 1:9 Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad.

Hebreos 10:26-27 Porque si continuamos pecando voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por el pecado, 27 sino una horrenda expectación de juicio y ardor de fuego que va a consumir a los adversarios.

1Juan 3:9Todo el que es nacido de Elohim no practica el pecado, porque la simiente de Elohim permanece en él, y no puede pecar, pues es nacido de Elohim.

Por otra parte, para recibir perdón hay una condición, y es haber perdonado a quienes nos ofenden. Perdonar es una decisión que nace desde nuestro interior, de no tener rencores, ni odio, ni resentimiento, ni amargura hacia ninguna persona, además orar por quiénes nos han ofendido y hacerles bien.

No nos dejes caer en la tentación:Como sabemos el Eterno nos prueba, él mira que hay en nuestro corazón y como actuamos, no lo hace para tentarnos, ni para hacernos pecar, sino para que seamos moldeados y maduremos para llegar a la estatura de su hijo. Cuando le pedimos esto al Padre, le decimos que nos libre de la prueba para que no venga el adversario y nos tiente y caigamos, sino que nos libre del maligno.

V5-13 El ejemplo del amigo inoportuno que menciona Yeshúa, nos muestra la importancia de orar constantemente, pero no de cualquier manera, no se trata de insistir por insistir con palabras vanas, sino orar de forma congruente con un enfoque espiritual, una tefilá que vaya de acuerdo a la voluntad del Eterno.

V14-23 Los religiosos estaban juzgando injustamente a Yeshúa, blasfemaron contra el Ruaj, pues se negaban a aceptar que todo lo que el Mesías realizaba estaba respaldado por el Eterno, quien le dio toda autoridad, por eso en vez de recibir la bendición de juntar con Yeshúa y de que el reino del Eterno se estableciera en sus vidas, terminaron desparramando, solo acumulando juicio para sí mismos.

Un tema a destacar en esta porción es el aspecto de los milagros, porque muchos los hacen, pero no todos vienen de parte del Eterno, por ello para no ser engañados debemos analizar en primer lugar si la persona que lo realiza es obediente al Todopoderoso, si vive una de forma íntegra, y, por otra parte, a qué guían estos milagros, pues si no es a regresar al Eterno, como lo hacía el Mesías, entonces podemos cuestionar que sean verdaderos.

V24-26 Esta porción continúa con la temática de los milagros, habla sobre una liberación que no fue efectiva, pues como comentaba si estos hechos sobrenaturales no provocan que la persona haga teshuvá y comience a vivir de forma obediente al Eterno, entonces se puede llegar a caer en un estado peor que el anterior.

V27-28 Yeshúa expresa quiénes son los verdaderamente bendecidos, los que oyen la palabra del Eterno y la guardan, aquellos que no son oidores olvidadizos sino hacedores de la instrucción. Vemos que el ser humano tiende a enfocarse en los aspectos terrenales, por eso aquella mujer se centró en bendecir a la madre de Yeshúa, pero él va a lo realmente importante, lo espiritual, porque la verdadera dicha para una vida es regresar al Padre, recibir su presencia y peregrinar en obediencia a Él.

V28-32 El Mesías se refiere a esa generación como perversa, les dice que aunque pidieran señal no les sería dada, porque ya lo tenían a él; les puso el ejemplo del profeta Jonás que fue enviado a Nínive a anunciar el juicio que venía y la necesidad que tenían de hacer teshuvá, también cita a la reina del Sur que vino desde lejanas tierras solo para escuchar a Salomón, en cambio ellos lo tenían a él que es aún mayor y lo estaban rechazando, incluso los ninivitas, al llamado de Jonás se humillaron y regresaron al Eterno, pero esa generación era inconforme a pesar de que eran muy privilegiados, por eso el Mesías dice que aquellos que eran gentiles pero que se volvieron al Eterno y se postraron ante Él iban a condenarlos a ellos en el día del juicio. Esta porción nos enseña la importancia de reconocer la autoridad del Mesías y obedecer el llamado que el Padre nos ha hecho por medio de él, para no caer en la terrible condenación de ser desechados por la rebeldía e incredulidad.

V33-36 La verdad de la palabra no se puede ocultar, un corazón que teme y obedece al Eterno va a reflejar la luz del Mesías y podrá ser de bendición a los demás, como se menciona en esta porción, no tendrá nada de tinieblas en su vida. Como creyentes debemos saber que somos llamados a santidad, es un estado que podemos alcanzar solo que tenemos que esforzarnos, tomar la decisión de apartarnos de la transgresión, de morir a nuestra carne, para vivir en el Ruaj, de forma íntegra y dando testimonio a quienes nos rodean.

V37-54 a Lucas 12:1-3

Basado en el escrito de Mateo 23

Yeshúa fue invitado a la casa de un fariseo a comer y este al ver que el Mesías no realizó el ritual del lavado de manos se extrañó, Yeshúa no se sujetaba a los mandamientos impuestos por los hombres, él solo hacía la voluntad de su Padre y en ese mismo instante comenzó a declarar los ayes contra los fariseos y los escribas por su religiosidad y maldad y les anuncia el juicio que sufrirían por ello. Les llama hipócritas en varias ocasiones, porque ellos decían y daban leyes a las personas para cumplir, pero no las hacían, se puede decir que eran actores y en lo único que se enfocaban era en aparentar su religiosidad para recibir beneficios de ello.

Esta represión tan fuerte que les hizo Yeshúa es también una exhortación para nosotros como creyentes, pues para el Padre no hay nada oculto y todos tendremos que presentarnos delante Él. Por eso tenemos que examinar nuestra vida y analizar cada detalle para no caer en la hipocresía y en la doble moral, pues si decimos guardar Tórah y exhortamos a otros a hacerlo entonces tenemos que vivirlo y esforzarnos cada día por permanecer en la obediencia sincera al Padre, no para aparentar delante de los hombres, sino para ser verdaderos hijos de Elohim que serán tenidos por dignos del llamamiento santo que nos ha hecho por medio de su hijo. Realmente la levadura de los fariseos, que es la hipocresía es un peligro para el creyente, en el libro de Apocalipsis o Visiones, tenemos el mensaje a la congregación de Sardis.

Revelaciones 3:1 Escribe al ángel de la iglesia en Sardis. Esto dice el que tiene los siete espíritus de Elohim y las siete estrellas: Sé tus obras, que tienes reputación de que vives, pero estás muerto.

Revelaciones 3:2 Sé vigilante, y consolida las otras cosas que estaban a punto de morir, porque no he hallado tus obras perfectas delante de mi Elohim.

Revelaciones 3:3 Por tanto, recuerda lo que has recibido y has oído, y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, llegaré como ladrón, y no sabrás a qué hora llegaré sobre ti.

Es crucial que nos mantengamos velando y perseverando en las enseñas de Yeshúa sin perder el enfoque, no dejarnos persuadir por sistemas religiosos y legalismos donde solo se busca reconocimiento y mostrar una imagen falsa de devoción, sino solo escuchar la voz de nuestro buen Pastor que es quién único nos acerca al Padre y nos enseña cómo ser esos servidores en ruaj y en verdad que viven en su reino.

Los escribas y fariseos hacían todo lo contrario, cerraban el reino de los cielos, ellos mismos no entraban pues estaban totalmente enfocados en sus tradiciones y obras de la ley, como decía el Mesías, invalidaban los mandamientos del Eterno por su tradición y por otra parte no dejaban entrar a nadie pues cuando las almas iban a buscar al Creador, ellos les ponían trabas y requisitos ej.: todos los mandamientos de hombres: como el lavado de manos, o que debían ofrendar incluso aquello con que ayudaban a sus padres, etc. Ellos levantaron un gran muro que separaba a los hombres del Eterno, de lo cual también habló Shaul cuando criticó a todos aquellos que les exigían a los creyentes circuncidarse para ser salvos, y hasta el día de hoy vemos lo mismo en los sistemas religiosos, llenos de exigencias, todo para cumplir expectativas de hombres que no le permiten a los demás acceder al reino. Por eso Yeshúa abre la puerta, él mismo es la puerta y enseñó que para entrar en el reino lo único que se necesita es hacer teshuvá, regresar al Padre por medio de él para cumplir su voluntad y permanecer en ello hasta el final. El Mesías deja claro que no se necesita nada más, nos damos cuenta de que no es nada gravoso, ni una carga, al contrario, es la mayor liberación que hay en la vida. Y que todo lo demás es cosa de hombres que se empeñan en ser tropiezo y se ponen a sí mismos o a sus sistemas como la puerta de entrada al reino, cuando ya el medio ha sido puesto y no se necesita nada más.

V4-7 El temor al Eterno es el principio del conocimiento, pues nos ayuda a librar nuestra alma de todo mal y consagrarnos en servicio y obediencia al Padre. Como creyentes no debemos temer a los hombres, solo a nuestro Creador quien es el amo de todo lo que existe y puede quitarnos la vida y también el alma. Cuando tenemos temor al Eterno podemos vivir confiados de que Él guardará todo nuestro ser y de que cumpliría su promesa de hacernos heredar las moradas eternas ya sea que vivamos o que hayamos ido a dormir.

V8-12 No avergonzarse del Mesías es reconocer la autoridad que el Eterno le ha dado sobre todas las cosas, y no consiste solo en decir que creemos en él frente a los demás sino en obedecer sus enseñanzas de forma correcta dando testimonio de que somos sus discípulos, imitándolo y compartiendo de ese modo con otros la verdad que él nos ha dado.

Por otra parte, el Mesías habla de la blasfemia contra el Aliento Santo, un pecado que no es perdonado porque consiste en rebelarse de forma consciente contra el Creador. De ahí la importancia de que hagamos teshuvá de forma completa y de no contradecir lo que el Eterno nos instruye por medio de la guía de su Aliento Santo.

También les dijo a sus discípulos que no debían temer cuando los trajeran a las sinagogas y ante los ancianos para acusarlos, y que no se preocuparan por lo que iban a decir porque el Aliento Santo del Eterno les dirigiría y sabrían cómo responder. Y así sucedió años más tarde con los discípulos, fueron guiados para expresar con sus palabras la voluntad del Eterno, por ejemplo, lo vemos en el caso de Esteban.